Reseña de Maxxxine (2024) - Fontecine

Ti West logró crear con “X” y “Pearl” una franquicia novedosa, llamativa y dinámica. Es una lástima que los rasgos de esta última entrega de la trilogía sean completamente opuestos.
“MaXXXine” mantiene las bases mínimas establecidas por las dos cintas anteriores: la obsesión por el estrellato como punto de partida de las acciones de su protagonista, el sexo y la violencia como recursos y rasgos definidores del mundo donde la historia transcurre (y la búsqueda de su censura en los productos culturales), y una representación cruda, brutal y sucia del mundo del espectáculo de la época expuesta. “MaXXXine”, al menos desde un punto de vista temático, es la continuación lógica a la franquicia, y, en este sentido, funciona de buena manera. La representación de la industria cinematográfica de los años 80 (y del submundo del cine B) es estilísticamente pulida, llamativa y bien ejecutada, y resulta evidente que Ti West quería hacer un homenaje colorido y apasionado (aunque áspero y rudo) a esta década. En general, todo lo relacionado con la cinematografía, banda sonora y montaje está bien realizado.
El problema de “MaXXXine” nace desde su comparación con las dos entregas anteriores: es poco original. “X” planteó una visión violenta, sucia y novedosa del cine porno y la obsesión de sus personajes por el estrellato. “Pearl” mostró, con una estética colorida e inocente que homenajeaba al cine de la primera mitad del siglo XX, el mismo tópico de la obsesión por destacar y “ser una estrella”, pero con más impacto y profundidad que “X”, principalmente por su impactante contraste entre contenido y cinematografía, sumado a la gran interpretación de Mia Goth. ¿Qué ofrece “MaXXXine”? Pues… una entretenida y decente historia de misterio que se cae a pedazos en el tercer acto. La narrativa es predecible y poco profundizada (los personajes que no son Maxine a veces pareciera que están de adorno, y, cuando son importantes, parecen caricaturas, sintiéndose inverosímiles), no existe análisis ni reflexión sobre cualquier suceso que ocurre en pantalla, y ni siquiera Mia Goth destaca demasiado.
Todos los recursos que usa esta película para impactar a la audiencia se sienten descafeinados, como si faltara subirles un cambio. A Maxine Minx la redujeron en todo sentido: es menos sanguinaria, menos obsesiva y menos memorable.
“MaXXXine” ni siquiera cuenta demasiado con la violencia brutal o el sexo como recursos para impactar al espectador, elementos que sí eran parte importante de las dos primeras películas. Esto influye en que esta cinta sea, además, la menos asquerosa/terrorífica de la saga. Las pocas veces que la película recurre a estos medios para generar terror o asco se sienten forzados y/o fuera de lugar, a excepción de algunas escenas muy puntuales.
En síntesis, “MaXXXine”, si bien no es una mala película, es un claro paso hacia atrás dentro de la franquicia de “X”. En una saga que se había mostrado tan agitadora y subversiva, esta última cinta se siente dolorosamente “mainstream”. Pareciera que quisieron hacer una aproximación más convencional al mundo de “X”, aunque manteniendo rasgos característicos de las películas anteriores, pero eso es, por lógica, imposible de lograr sin que se sienta extraño y forzado. Aumentó el presupuesto, aumentó el elenco, llegaron las cámaras… y Maxine Minx, junto a la misma saga de “X”, dejaron la suciedad de la pornografía y la violencia, y podría decirse que, a la luz de los focos y los aplausos del mainstream, “se volvieron estrellas”.




