Reseña de Sinners (2025) - Fontecine

Sinners es, hasta ahora, la apuesta cinematográfica más audaz e inmersiva del año. Ryan Coogler presenta una obra irrebatible desde su apartado técnico y vigorosamente auténtica desde su premisa. Un espectáculo cinematográfico novedoso y total.
Sinners tiene una trama con la que cualquier otra película se podría haber enredado hasta la payasada: un drama racial de época sobre religión, música y dominación cultural… ¡con vampiros! Suena como un menjunje incoherente, pero la cinta de Coogler desarrolla su infrecuente relato con efusividad y corazón, construyendo una experiencia estruendosa, deslumbrante y, al mismo tiempo, emotiva.
El apartado técnico es excelente, destacando su montaje (caótico pero elegante), sonido (estruendoso y envolvente) y banda sonora (fogosa y encantadoramente representativa de la cultura afroamericana). Sinners se ve muy bien, se oye de maravilla y es una gran portavoz de los mayores encantos del cine como arte audiovisual. Verla en el cine y sentir las vibraciones de los asientos por el atronador sonido y la fascinante banda sonora, mientras tus ojos no pueden despegarse de la frenética acción desplegada en pantalla, es genial. Punto aparte para la extraordinaria dirección de Ryan Coogler, sutil cuando el drama lo requiere, ágil cuando el terror y el desquicio lo necesitan y con un despliegue maravilloso de técnica y poderío visual en algunas escenas memorables.
Pero Sinners no es parafernalia visual, ya que desarrolla posturas y reflexiones interesantes a través de música, imágenes y simbolismos, lo que genera momentos de gran sinergia entre lenguaje cinematográfico y mensaje. El planteamiento de la música como una fuerza poderosa que trasciende más allá del tiempo, espacio, raza y cultura da pie a escenas y secuencias inolvidables (una, en específico, de otro nivel), y es el núcleo temático de la película que mejor funciona (además de ser el mejor explotado cinematográficamente).
Tal como su nombre indica, Sinners también presenta comentarios sobre la naturaleza y concepción del pecado, con dardos a la religión católica y planteamientos interesantes sobre esta infracción en sus diferentes formas. El pecado es expuesto como manera no negativa (aunque tampoco perfecta) de buscar placer y autorealizarse, transmitiéndose esta idea a través de la exhibición del deseo carnal y el planteo del blues como música endemoniada. La cinta presenta los pecados como mortíferos (expuesto a través de los vampiros), pero también como parte natural y propia de una vida estable en libertad, alejándose de la imposición de dogmas y las visiones simplistas en torno al sexo, discriminación, violencia y arte. Cada uno toma sus propias decisiones, con los aspectos buenos y malos de eso. Sinners construye una inmersiva atmósfera erótica, violenta y musical, muy representativa de la naturaleza pecadora (pero humana y libre) de sus personajes.
El otro gran tema inherente a Sinners es el racismo sistemático y la dominación cultural. Toda la cinta es un drama racial que se aleja de convenciones propias del subgénero y destaca por su excelsa representación de la cultura afroamericana de principios del siglo XX y, en general, a nivel histórico. Esta muestra se construye de manera magistral a través de la banda sonora y la puesta en escena. Por el otro lado, los vampiros en sí son una metáfora de sometimiento cultural, al ser el antagonista mismo (Remmick) un irlandés desplazado de sus tierras. La película presenta una tesis compleja e interesante: aunque se propague una idea de unión, una verdadera unidad cultural es imposible. Los vampiros (discriminados y marginados también) ofrecen a los protagonistas una “vida mejor”, sin la discriminación sistemática de los blancos y el Klan, pero ellos mismos, al hacer esto, ejercen dominación sobre la cultura afroamericana. Blancos, afroamericanos, indios, chinos, irlandeses… todos forman parte de culturas, razas o etnias que, en su búsqueda o desprecio por la unión, ejercen ciertas formas de dominio cultural, creando ciclos de odio que, como en la vida real, son casi imposibles de cortar de raíz.
La variedad de ideas desarrolladas en Sinners es positiva y demuestra una visión muy interesante de Coogler como autor. Donde la cinta flaquea un poco es en su guion, que, si bien está muy lejos de ser malo, peca de ser sobreexplicativo en aspectos digeribles y críptico en momentos ambiguos (no en un sentido de ambigüedad interpretativa, sino en que el metraje se llena de muchos simbolismos diferentes intercalados con rapidez, dificultando el impacto dramático de cada uno por separado). La redundancia es un problema típico de las grandes producciones de Hollywood, pero a esta película, tan novedosa, frenética e inmersiva, le hace mucho daño y frena el ritmo de su narrativa (hay flashbacks cortos que son muy innecesarios y diálogos que se alargan más de la cuenta, por ejemplo jskksks). De todas formas, esto también es propiciado por la cantidad de temáticas alrededor de la premisa, generando que algunas veces la película tenga tantos flancos interpretativos y temáticos que puede sentirse algo enrevesada o desmedida. Esto se habría solucionado con algo de poda en el guion, pero tampoco es una traba que afecte al espectador en demasía.
Bien dirigida, bien actuada y excelente en su apartado técnico, Sinners es uno de los estrenos del año, y, a pesar de que a su guion le habría venido bien algo más de prolijidad, construye un visionado impresionante, memorable y lleno de emoción.




