Reseña de Karate Kid: Legends (2025)

La conocida historia de 1984 nos sorprende con otro remake en 2025. Al igual que sus antecesoras, apunta principalmente a un público juvenil. Esto nos da a entender que las grandes productoras piensan que a los jóvenes hay que entretenerlos con montajes veloces, sobreestimulación sonora e historias superficiales, porque, en resumen, eso es Karate Kid: Legends.
A diferencia de las otras versiones, el protagonista domina el kung-fu desde las primeras escenas. Por cuestiones laborales que implican a su madre, se va a vivir de Beijing a Nueva York, donde el arte marcial predilecto es el karate. Ahí es cuando se presenta la posibilidad de unir ambas disciplinas: “Dos ramas, un árbol”, frase que se encarga de repetir la película una y otra vez, denotando que piensan que el espectador no es capaz de retener información que escuchó hace menos de diez minutos.
El señor Han (Jackie Chan) se encargará del kung-fu y Daniel LaRusso (Ralph Macchio) pondrá su parte en el karate. Un intento de unir la versión original con su remake del 2010, obra completamente ignorada en esta nueva adaptación. No olvidemos que el pequeño Dre Parker (Jaden Smith) fue el encargado de sacar al personaje de Jackie Chan de la depresión (y quien le devolvió el sentido a su vida) y aquí no hay rastros de él. Parecen ignorar en líneas generales lo sucedido en películas anteriores, sobre todo a la hora de construir personajes ya conocidos por el espectador.
Ya no nos encontramos con un adolescente indefenso que a través de un arte marcial se descubre a sí mismo; ahora tenemos a un joven que pretende usar las disciplinas para demostrar que tiene coraje. No existe como tal la relación alumno-profesor característica de la franquicia porque no solo el protagonista ya sabe pelear, sino que también tiene una subtrama en la que él actúa de profesor ayudando a un adulto a mejorar sus técnicas de boxeo, desarrollada en escenas que no son comparables en absoluto con las secuencias de entrenamiento de las películas anteriores.
Con estas declaraciones no pretendo dar a entender que el largometraje no cumplió mis expectativas por no parecerse a sus antecesoras. Simplemente creo que aquellas cosas que funcionaron anteriormente y eran parte importante de la historia acá no se hacen presentes, porque no hay un entendimiento real de los temas que trata el relato original. Tomemos nuevamente de ejemplo la versión del 2010, que dista bastante de la narración de Daniel LaRusso pero igual contiene la esencia que esta buscaba representar.
De todas formas, en el cine no se pasa un mal rato viéndola. Es técnicamente lograda y las actuaciones son buenas, por lo que todas sus inverosimilitudes no terminan de sacarte enteramente de la ficción. Es entretenida pero no es un gran legado. Su existencia se justifica en la nostalgia y furor que trajo la serie Cobra Kai y la falta de intencionalidad para contar historias nuevas a los jóvenes actuales.




