Reseña de Nosferatu (2024) - Fontecine

Pese a contar con un diseño de producción extraordinario y una gran cinematografía, “Nosferatu” de Robert Eggers carece de la sutileza y el terror lento, visual y misterioso de la versión de 1922. El guion (a veces terrorífico pero por su obviedad) cae en redundancias y sobreexposiciones que chirrían más de lo que puede impresionar el gran apartado técnico o las buenas actuaciones.
Partiendo desde la base de que se está adaptando un material universalmente conocido (“Drácula” de Bram Stoker) y, más específicamente, una de las películas más influyentes de la historia del cine (la versión de 1922), es lógico pensar que una reinterpretación conceptual y temática de la historia del vampiro tampoco va a, necesariamente, cambiar muchas cosas. En este caso, es interesante la propuesta de Eggers de centrar la historia en Ellen Hutter (Lily-Rose Depp) y su relación pecadora, erótica, masoquista y esclavizante con el Conde Orlok (Bill Skarsgård) desde un enfoque en torno a la sexualidad y la perversión de cómo los cuerpos responden a instintos y necesidades carnalmente salvajes, y lógica según los temas que ha desarrollado el director en su propia filmografía. “The Witch” y “The Lighthouse” son grandes y aterradoras muestras de la deshumanización y el salvajismo tras la represión del instinto y el deseo carnal. Lo que diferencia a “Nosferatu” de las dos cintas mencionadas es que estas películas son construyen su relato y exponen sus temáticas con lentitud, sutileza y un gran uso de subtextos y lenguaje cinematográfico (hasta el día de hoy es difícil sacar conclusiones claras de estas películas por la brutal abstracción de las obras de Eggers jksksk). Si bien desde “The Northman” (buena cinta) Eggers ya había dejado un poco de lado la abstracción excesiva y estaba planteando sus focos conceptuales y dramáticos de maneras más viscerales y evidentes, con “Nosferatu” llevó esta simpleza hasta un extremo en el que el desarrollo de la película pierde mucho impacto, novedad y misterio. No es lo mismo ser directo que obvio. No es lo mismo ser simple que redundante.
Yo quiero mucho a Willem Dafoe, pero su personaje sólo existe para explicarle a los espectadores qué está pasando y tener diálogos con Aaron Taylor-Johnson que son: “¡Va a pasar esto!” - “¡No! ¡Estás equivocado! -“¡Hay que hacer esto!” -“¡No! ¡Estás equivocado!” “-¡Está pasando lo que te dije antes!” -“¡No! ¡No te creo!”. Estos diálogos ocurren casi exactamente de esta forma por lo menos cuatro veces, cortando abruptamente la fluidez que toma la historia de Thomas Hutter (Nicholas Hoult), que tiene momentos intimidantes que sí generan tensión y horror, o la perturbación (decadente mientras transcurre la película) detrás de la desagradable figura del Conde Orlok. Llega a ser ridículo lo sobreexpositivo que es el guion, sobre todo en una película que aspira a ser visceral y visualmente perturbadora. ¡No es necesario hablar tanto! ¡La historia no lo necesita!
Igual este es un problema que viene arraigado con esta reinterpretación de “Nosferatu”, y es que esta adaptación, de manera decepcionante, no aprovecha sus escenarios ni su apartado visual como la versión de 1922. A mí, aunque esto es una opinión más personal, no me parece que haya sido la mejor idea mostrar tanto al Conde Orlok en cámara (aparte, su bigote me parece ridículo jsksks, pero esto es netamente mío), ya que quita gravedad e impacto dramático a los momentos en los que aparece, y sus diálogos tampoco son muy buenos. Además, esa comunicación telepática-sexual muy inquietante que mantiene con Ellen Hutter tampoco es aprovechada desde lo cinematográfico. Escenas como la primera, que muestra escenarios mentales de la protagonista donde Orlok irrumpe brutalmente y rompe toda su tranquilidad, funcionan bien, porque aprovechan espacios, cinematografía, miradas, suspiros y demás elementos puramente cinematográficos que, cuando la película los usa (que no es tanto), funcionan mucho más en la generación de terror que cualquier diálogo o escena en la que sale y habla el Conde mostrando su peludo bigote. No usar los espacios como recurso para generar miedo es un crimen en una película con tan buen diseño de producción (diría que el único lugar bien aprovechado, y ni siquiera tanto como en la versión original, es la mansión de Orlok).
La película es sorprendentemente muy obvia, poco visual y casi nada creativa en sus recursos cinematográficos y estilísticos, ¡lo que es casi una afrenta ya no sólo con la “Nosferatu” de 1922, sino que con el propio expresionismo alemán! Este último se caracterizaba por transmitir emociones tórridas como la locura, el miedo, el dolor o la traición a través de espacios oscuros y abstractos, actuaciones expresivas e intensas y la implementación de metáforas transmitidas desde la cinematografía, la iluminación y el uso de los escenarios (principalmente debido a los límites presupuestarios de las producciones). “Nosferatu” de 1922 hacía todo esto: terror sutil y lento pero a la vez expresivo, y sigue funcionando hasta el día de hoy cuando ves la película. ¡Esta nueva versión desaprovecha los espacios hasta tal punto que casi no hay escenas en el barco donde el Conde Orlok viaja! Uno de los escenarios más claustrofóbicos y memorables de la versión original, y casi no sale en esta nueva película (a mí me puso triste porque me gustan mucho la escenas del barco de la cinta de 1922 jskskks).
En resumen, creo que la cinta podría haber sido mucho mejor si transmitía más desde sus escenarios, su gran y desaprovechada cinematografía o a través de un enfoque más íntimo y visual hacia la perturbada mente de Ellen Hutter. Esto probablemente habría funcionado mejor, porque Lily-Rose Depp hace un gran trabajo actoral cuando la película le exige drama y perversión. Del Conde Orlok no puedo decir lo mismo porque me pareció ridículo en look y en diálogos jsksks, pero al menos la voz de Skarsgård sí es perturbadora.
“Nosferatu” no tiene una nota más baja porque gran parte de las observaciones que hago son comparándolas con la mucho más memorable y mejor estructurada versión de 1922. Digo esto porque, en general, es una película con buenos momentos de terror, bien dirigida, bien actuada e impresionante desde su desaprovechado apartado visual y de producción. Sus problemas con su mal guion y su carencia de sutileza son aspectos que dañan mucho el visionado, llevándolo a veces al borde del ridículo, pero hay cosas peores. Eggers sigue siendo un director tremendamente capaz en la exposición de temas perturbadores a través de terror sutil desde su subtexto pero visceral desde lo visible. Sólo espero que esta errática adaptación del Conde caliente no arrastre al director a un camino donde las redundancias lluevan todos los días.




