Skip to main content

Command Palette

Search for a command to run...

Reseña de The Brutalist (2024) - Fontecine

Updated
4 min read
Reseña de The Brutalist (2024) - Fontecine

“The Brutalist” es un viaje epopéyico a través de la ilusión, obsesión y destrucción moral propias de la persecución del sueño americano, y un comentario no muy pulcro sobre la discriminación sistemática sufrida por los inmigrantes.

A pesar de sus imperfecciones, no se puede negar el carácter de “evento cinematográfico” de esta película; dura más de tres horas, tiene un intermedio, su cinematografía es extraordinaria, su banda sonora es bella y envolvente, tiene momentos brillantes y disruptivos, entre otros elementos que justifican su magnitud y críticas positivas. “The Brutalist” es una odisea cinematográfica como las que ya no se hacen en estos tiempos (“Oppenheimer” es lo más parecido, pero igual seguía cánones narrativos y cinematográficos más convencionales que los de esta película). Entendiendo esto, ya la existencia de “The Brutalist” es digna de admirar, sobre todo considerando su complicado contexto de producción, y la cinta sostiene esta fascinación en el visionado siendo, literalmente, digna de admirar por su hermoso apartado visual. Una locura la ambientación, fotografía y algunos planos secuencia. La dirección de Brady Corbet tiene momentos realmente brillantes, aunque también tiene otros donde el impacto producido se sostiene más por la excelente fotografía que por una visión cinematográfica auténticamente novedosa o creativa.

La cinta está dividida en dos partes sobre las cuales se construye la obsesión del protagonista, el arquitecto László Toth (interpretado por un extraordinario Adrien Brody), por triunfar en su rubro y trascender a través de la historia y el tiempo; o sea, se expone su obsesión por cumplir el sueño americano. La primera parte (excelente en su ritmo y guion) presenta a un Toth que halla esperanza, ilusión y expectativas en la persecución de su sueño, mientras que la segunda (a veces extraordinaria, pero también más errática que la primera) muestra la decadencia física, ética y moral del protagonista, quien se pierde en vicios, abusos, maltratos y obsesiones por las que pasa en búsqueda de trascender, y que le afectan por el mero hecho de ser un inmigrante. Está muy bien logrado este punzante comentario sociopolítico sobre las bases ideológicas en las que estaba (y está, en parte) construida la sociedad norteamericana de la época: sueños y expectativas banales que el sistema promete pero no cumple. “The Brutalist” presenta muy bien este comentario en su primera mitad, luego lo desarrolla en la segunda parte de manera a veces imprecisa (principalmente por ciertos procesos internos de los personajes que se presentan de manera acelerada o abrupta) pero funcional, para después terminar esta ácida exposición con un brillante epílogo que refuerza la frialdad que esta búsqueda sistemática por la trascendencia produce en la gente.

Donde “The Brutalist” tropieza un poco es en cómo representa la discriminación sistemática hacia los inmigrantes. Claramente este es uno de los núcleos temáticos de la cinta, y hay varios diálogos (algo redundantes y obvios, en mi opinión) que lo demuestran. La crítica hacia cómo las sociedades occidentales son reacias a aceptar inmigrantes por ideologías y costumbres arraigadas a la historia de las naciones es muy correcta, cruda e importante (sobre todo en estos tiempos), pero los abusos y maltratos sufridos por Toth y su familia que sustentan este comentario descarnado se sienten más circunstanciales que sistemáticos, y no tan ligados al carácter migrante de los personajes, sino que a contextos relacionados con actitudes individuales o sucesos casi coyunturales. Esto hace que el incuestionable juicio realizado hacia la discriminación pierda peso dramático y se sienta algo abrupto, simplista y redundante.

“The Brutalist” es una película espectacular por momentos y su primera parte es excelsa, pero las irregularidades en el ritmo y el guion de su segunda mitad hacen que su impacto dramático baje un poco. Pero, a pesar de todo esto, la cinta es una epopeya visualmente extraordinaria, bien dirigida, muy bien actuada por Adrien Brody y Felicity Jones, con escenas muy bien escritas y unos análisis brutales sobre temas humanos y vigentes como la discriminación hacia los inmigrantes y la obsesión del ser humano por trascender. No es perfecta, pero su valentía se percibe desde su realización hasta su reproducción en la pantalla grande.

More from this blog

F

Fontecine - Reseñas, recomendaciones y más

61 posts